Nota de advertencia: las siguientes sistematizaciones han sido desarrolladas por mi en base a estudios de libros acerca de Spinoza y los trabajos mismos de él, en ningún modo me pertenecen como propiedad intelectual y éste trabajo lo debo a una serie de estudios fantásticos con los que tuve la suerte, el azar o la contigencia de encontrarme (pararse sobre los hombros de gigantes que le dicen...). Si querés podés reproducirlos libremente sin alterar su contenido claro está, no porque modifiques mis palabras sino por fidelidad a don Benito d'Espinosa... (aunque toda citación de fuentes y comentarios a mi mail serán muy bienvenidos ;) ) Gonzalo Flores
Cuatro equivalencias del espinozismo: Dios es la Naturaleza, Dios es la verdad, Dios es la virtud, Dios es el amor.
1) Deus sive natura:
El sistema de Spinoza comienza con la equiparación de los conceptos de Dios y naturaleza. En Dios está la plenitud del ser; a su esencia pertenece la existencia, es decir es la causa de si mismo. Es infinito porque en la infinitud reside sin más la afirmación de la existencia. Dios es la esencia que consiste en infinitos atributos. Spinoza parte del concepto de la sustancia como aquello que existe en si y es concebido por si mismo; equipara a Dios con la sustancia. Entonces la divinidad es inmanente al mundo. Y por lo tanto, todo lo que existe existe en Dios, y todo lo que ocurre ocurre por las leyes de la naturaleza infinita de Dios. Dios es la causa inmanente de todas las cosas. Spinoza establece así el principio de la causalidad inmanente sobre el que descansa la ciencia moderna. Dios es la esencia activa de todas las cosas, de aquí se deduce la equivalencia de libertad y necesidad, fudamental en la teoría de la libertad de Spinoza. Sólo Dios es causa libre, pues nada hay que lo impulse a actuar; actúa mas bien por la mera necesidad de su naturaleza. Pero lo que ocurre en los modos deriva necesariamente de la suprema fuerza de Dios.De los infinitos atributos de que consta la divinidad sólo conocemos dos, la extensión y el pensamiento. Nuestra capacidad cognocitiva está en la misma relación con la plenitud de Dios que la cifra 2 con el infinito. Así como aceptamos de hecho, que de los infinitos atributos de Dios sólo conocemos la extensión y el pensamiento, así también debemos aceptar de hecho, que la unidad de Dios se manifiesta en la multiplicidad de las cosas. El mito de la trascendencia está en constante peligro de vovlerse antropomorfo, porque es antropocéntrico, porque coloca al hombre en el centro del universo. El mito de Spinoza va contra este antropocentrismo y elimina el concepto de finalidad o teleología del concepto de divinidad. Dios existe en el mundo no para ser determinado por finalidades sino para obrar causalmente. Por consiguiente no hay en el mundo un "para qué" sino un "por qué". El Dios de la inmanencia obra por la necesidad de su propia naturaleza y en esta necesidad de su obrar reside su libertad. Es la libertad de la inmanencia. El que ha llegado a comprender el universo (y podemos agregar: el que ha llegado a ejercer el amor intelectual hacia Dios) ya no vive con la ilusión antropocéntrica de que la naturaleza existe para beneficio del hombre. Al apoyarse en la verdad y someterse a la necesidad de la naturaleza, "la mejor parte de nosotros mismos coincidirá con el orden de la naturaleza entera" (Etica).
2)Deus sive veritas:
Es necesario según Gebhardt, tener presente que la concepción spinociana del mundo es una concepción objetiva. Parte de un Dios que es la naturaleza en sí y no de un Sujeto que crea la naturaleza. La teoría spinociana del espíritu es la teoría del espíritu objetivo, y la teoría del espíritu subjetivo no es más que un caso particular de esa teoría. La plenitud del ser de la divinidad se escinde para nuestro entendimiento en las dos esferas del ser la de la extensión y la del pensamiento, que debido a la unidad de la sustancia en el fondo, son idénticas. Por tanto, lo que es en una de estas esferas debe ser también en la otra; lo que en el atributo de la extensión es modo de extensión, vale decir, cuerpo, es en el atributo del pensamiento modo de pensamiento, vale decir, idea. Cuando Spinoza habla de las ideas no se refiere a pensamientos de un sujeto pensante sino a realidades autónomas respecto a las mentes particulares. El modo de pensamiento que corresponde a cada modo de extensión existe por sí, sea o no actualizado por el pensar de alguna mente. Por su realidad metafísica, Gebhardt opina que las ideas de Spinoza son semejante a las de Platón; pero con la diferencia (importantísima y sustancial diría yo) de que son singulares, es decir que corresponden a un curso o proceso singular y no genéricas, como las de Platón que corresponden a una pluralidad de cuerpos. Pero entre el mundo de las ideas y el mundo de los cuerpos hay una diferencia. Los cuerpos como cosas extensas, guardan entre sí no sólo relaciones de espacio, sino también de tiempo. Espacio y tiempo son para Spinoza conceptos de relación. En cambio, las ideas no están determinadas por el espacio y el tiempo, característicos de la esfera de la extensión, asi como no ocupan espacio son eternas. Si bien las ideas están entre sí en la misma relación objetiva de los cuerpos de los que son espíritu, esta relación se cumple en la esfera de la eternidad, mientras que la misma relación, cuando se refiere a los cuerpos reside en la esfera de la temporalidad. Esto permite comprender lo que el llamado paralelismo psicofísico significa para el spinocismo. El paso de la teoría del espíritu objetivo a la teoría del espíritu subjetivo tiene lugar en el caso especial del cuerpo humano.Por eso el espíritu de cada hombre es a la vez objetivo y subjetivo; objetivo-eterno en su dependencia del entendimiento infinito; subjetivo-temporal en su dependencia del cuerpo, que es una cosa singular existente de hecho. Así, es posible actualizar las ideas, realizarlas en el pensamiento humano. Gebhardt afirma que para el spinocismo las ideas no son elementos estáticos sino dinámicos, no simplemente presentes como retratos mudos en un lienzo, sino activas en la afirmación vital de si mismas. Tienen su propia espontaneidad. La propia afirmación de la idea, que se realiza en el espíritu humano, aperece como el sentimiento inmediato de la certeza inherente a todo conocimiento verdadero, que hace de la verdad la norma de sí misma. Por su esencia, el proceso psico-físico de la representación no puede llevar al conocimiento, porque está atado a la corporalidad y a la temporalidad; pues el conocimiento sólo puede producirse en la esfera de lo incorporal-eterno, sub specie aeernitatis. Pues el espíritu sólo puede conocer lo que el mismo crea, a la manera de un autómata psíquico. Pero esto es el orden que estructural al mundo en los modi infiniti; en el modo infinito de movimiento y reposo y en el modo infinito del entendimiento infinito. De esta manera en la filosofía espinociana la inmanencia del logos conduce a la inmanencia del concepto de la verdad. La garantía de la verdad no reside en la coincidencia del conocimiento y del objeto de conocimiento, sino sólo en la certeza inmediata. La ciencia empírica, prisionera de la corporalidad, nunca puede por su naturaleza empírica, darle al espíritu el conocimiento absoluto. Por eso para Spinoza la matemática es la verdadera ciencia fundamental, porque no penentra en las cosas desde fuera, para dejarse aleccionar por ellas, sino que desde dentro mismo desarrolla el mundo de sus conceptos. La matemática es la ciencia de la inmanencia (Nota de gonzalo: véase matemáticas como ontología, y los desarrollos de Badiou).Lo que diferencia a las matemáticas de todas las demás ciencias, especialmente de las empíricas, y hace de ella una ciencia del conocimiento puro, es la visión interior, la intuición, que la fundamenta aunque utilice luego para expresarse el metodo racional de la deducción. El spinocismo como teoría del paralelismo psicofísico, es la convicción de que la realidad tiene para nosotros dos potenciales, el potencial del pensamiento y el potencial de la extensión. Esta teoría no da la primacía ni a la idea ni a la materia. De acuerdo a esto, el motor de todo proceso histórico reside en la profundidad creadora del ser, desde donde se manifiesta, ya en la esfera de la extensión como revolución económico-política, ya en la esfera del pensamiento como revolución espiritual.
3)Deus sive virtus:
En la ética spinociana se revela con toda claridad el cambio revolucionario de la trascendencia a la inmanencia que significa el spinocismo.La trascendencia de Dios implica una ética cuyo carácter trascendente se muestra en estas dos consecuencias. Por un lado, la divinidad norma de toda moral, de alguna manera debe proyectar en el mundo su voluntad creadora de valores. Por otro lado, el hombre, receptor y ejecutor de valores, debe estar en condiciones de poder cumplir los preceptos recibidos: debe tener libertad de elección, libre albedrío. Como consecuencia de la ética trascendental se originan pues la moral heterónoma y el concepto de libre albedrío. En ambos se revela el dualismo inseparable de la trascendencia. Por el contrario, el concepto spinociano de la inmanencia se manifiesta en la moral autónoma y su correspondiente concepto de la libertad inmanente. El hombre debe ser concebido como natural entre naturales, por eso el reino de la moralidad no puede separarse del reino de la naturaleza, ni someterse a leyes propias y de otra especie. La unidad de la naturaleza fundada en Dios exige que todo sea regido por las mismas leyes. Según Gebhardt esto demuestra que la esencia de la filosofía de Spinoza es el dinamismo.Para Spinoza voluntad y entendimiento forman uan unidad indivisible, ya que son expresión de esa fuerza que aparece en el hombre y en todas las cosas como impulso de auto-afirmación. Este impulso de realizar su ser que yace en lo más profundo del hombre, no es negado sino afirmado por la ética de la inmanencia. Según Spinoza, virtud y poder son idénticos. Pero entonces la misión de la ética sólo puede consistir en señalar el recto camino que permite al hombre realizar su esencia. Spinoza formula con sorprendente claridad una ética vital, más allá del bien y del mal, conceptos relativos que únicamente expresan el valor utilitario de las cosas para el hombre.No hay oposición entre libertad y necesidad, sino entre libertad y coerción. Esclavo es el que obra determiando pro causas externas, libre el que sólo obra según su propia ley. Entonces el valor moral de la acción no consiste en que satisfaga un precepto de origen trascendental, sino en que expresa la propia naturaleza del sujeto. Este principio requiere del hombre la negación de los afectos pasivos y la afirmación de los afectos activos. Sólo cuando el hombre es verdaderamente creador es verdaderamente moral. Sólo con el conocimiento llega el hombre a superar las pasiones y es libre. En el conocimiento reside la unión con Dios, la realización de lo infinito en lo finito. Spinoza rechaza el ascetismo y afirma una moral no negadora de la vida.
4)Deus sive amor:
El propósito mas alto del spinocismo es la union del hombre con la divinidad.Toda acción creadora se acompaña de placer, pues en la verdadera actividad, en la realización de si mismo, debe experimentar el hombre el sentimiento de que alcanza una perfección mayor, un sentimiento de alegría. El hombre que en verdad conoce (pues conocer es obrar), conoce las cosas en sus relaciones, conoce el orden del mundo en Dios. De este vivo sentimiento de unidad le nace la alegría; pero la alegría referida al objeto que la motiva es amor. Así la alegría que proviene del vivo sentimiento de unidad se transforma en amor a Dios, como el ser en que todas las cosas alcanzan su unidad. Así al conocer, al obrar y al amar, el hombre creador, moral y fervoroso, está unido a la divinidad.En este punto de amor a Dios brota el amor a los hombres; el vivo sentimiento de unidad que funde al espíritu humano con toda la naturaleza, sólo puede realizarse en la acción. Es condición de nuestra felicidad que muchos la compartan con nosotros. Y nuestro amor a Dios será tanto más grande cuanto mas hombres estén unidos a Dios en ese amor. Esto impide que la ética spinociana pueda convertirse en una ética individual. Solamente por el mutuo apoyo pueden los hombres satisfacer las necesidades de la vida y cumplir sus fines. Pero la mejor forma de orientar a todos hacia el fin común es el Estado, dinámico. El valor del Estado no reside en la unidad externa impuesta, sino en la interna, libremente aceptada. Entonces el bien supremo para Spinoza consiste en participar junto con los demás, en la perfección.

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