Monday, November 27, 2006

“NO HAY FUERA DE TEXTO”
En Marc Goldschmit, Jacques Derrida, una introducción

En el laberinto del pensamiento de Derrida, el concepto de “texto”,elproblema de las fronteras y los límites del texto, puede constituir un hilo de Ariadna para la lectura. En efecto, Derrida vuelve a pensar y subvierte radicalmente el concepto de texto y la idea de textualidad, alterando con ello nuestras prácticas más tradicionales de lectura y de pensamiento. En De la grammatologie, en el momento en que Derrida habla de la imposibilidad para el escritor de situarse simplemente fuera de la lengua y de la lógica del discurso que sostiene, dicho de otro modo, de dominar el texto y ser el que conoce los pormenores de su discurso, puede leerse la célebre afirmación “No hay fuera de texto”. El concepto de texto general aparece así en el pensamiento de Derrida al mismo tiempo que la limitación de la función de “autor”.
Como el texto se vuelve general (todo lo que está en el texto), lo que se denomina “texto” permite volver a pensar la relación entre el texto y el mundo, o entre la escritura y la vida. El sentido y la función del concepto de texto son así reelaborados por Derrida: el texto no está tejido sino por diferencias y huellas de huellas; todo texto es la transformación práctica de otro texto. En ningún momento puede hablarse, entonces de una absolutización del texto en Derrida; no se trata en este sentido de una nueva teología, de una teología del texto. Esta afirmación provocadora –“no hay fuera de texto”- es pues, de esta manera poco aparente y discreta, una verdadera declaración de guerra al pensamiento occidental. Por esto mismo, se la caricaturiza y se la falsifica incesantemente con fines polémicos. Por una lado se imputa a Derrida un ficcionalismo integral: si no hay fuera de texto, no hay entonces ya ninguna realidad, ninguna posibilidad de referirse a una identidad estable. Así, no es posible distinguir la verdad objetiva de la mentira puesto que la denotación, la referencia del lenguaje a la realidad, está interrumpida. Por otro lado, se confunde este pensamiento con un nominalismo absoluto, incluso con una sofística posmoderna: vieja acusación platónica que se ha hecho a todos los pensadores rigurosos del lenguaje y de la literatura para quienes la significación es un fenómeno intratextual y según quienes un texto significa al diferenciarse de sí mismo, y al transformarse en otros textos. Éstas dos acusaciones que se hacen a Derrida, no puede sino desembocar en no-luga-res: si no hay fuera de texto, ello significa también que el “texto” no existe, puesto que todo lo que existe está en el texto. Es necesario comprender como y cuánto se transforma y se trabaja el concepto de “texto” con el objetivo de producir un juego en la fenomenología y en el estructuralismo.
En efecto, a fines de los años 60, en el momento en que aparecen los primeros grandes textos de Derrida, la escena filosófico-mediática está marcada por la aparición del estructuralismo y el retiro relativo del pensamiento fenomenológico. En este contexto, Derrida empieza por marcar un desvío irreductible respecto de esas dos tradiciones de pensamiento, de modo que no podría ya decirse que lo que intenta pertenecer aún a una u otra de esas tradiciones puesto que las trabaja y las transforma radicalmente a una y a otra. La deconstrucción derrideana no es en efecto, una fenomenología mas, ni tampoco un neo o post estructuralismo: intenta más bien elaborar un pensamiento singular y solitario.

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